El 10 de octubre se celebra
el Día Mundial de la Salud Mental con el objetivo de aumentar
la conciencia de los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar los
esfuerzos en apoyo del mismo a nivel individual, colectivo y hasta
institucional.
"Nuestro
cuerpo ni la mente no distinguen entre la amenaza real o imaginaria"
Dra. Marian
Rojas Estapé
Es normal que aumenten nuestros
niveles de cortisol en el cuerpo, pero cuando sucede en exceso afecta a
múltiples sistemas del organismo, comenzando en que envía la sangre que se
encuentra en nuestro intestino hacia los músculos para potencializar la función
evasiva-defensiva, es por ello, que perdemos el apetito en los momentos de
alerta. A la par existen descargas de adrenalina cada vez que nos encontramos
en esta situación.
El aumento del cortisol inhibe
la producción de insulina provocando la liberación de la glucosa y proteínas a
la sangre; es por esto mismo que los niveles de glucosa en sangre se elevan
después de un evento estresante y en ocasiones hemos escuchado que a las
personas les da diabetes después de haber tenido un "susto”. A la
par el cortisol ayuda a nivelar el sistema osmótico del cuerpo a través del
agua y los minerales.
Otra de los sistemas afectados
es el sistema inmunológico al inhibir en un principio la inflamación, pero
cuando son crónicos estos niveles sucede todo lo contrario, es decir, promueve
la inflamación crónica en nuestro cuerpo.
Ante el estrés el cuerpo
dosifica sus recursos energéticos, es por eso, que cuando nos enfermamos nos
sentimos tan casados, ya que nuestra energía está dirigida a la reparación de
nuestro cuerpo.
También afecta los niveles
hormonales, logrando modificar el ciclo menstrual en mujeres o la calidad del
semen en hombres; ni hablar del efecto que puede ocurrir en la glándula
tiroides a través del hipertiroidismo o hipotiroidismo, incluso otras
enfermedades relacionadas con la glándula.
Las preocupaciones del día a día
son la sensación de peligro prolongado pueden aumentar nuestros niveles de
cortisol hasta en un 50% por encima de lo recomendable. También se puede
activar a través de la inquietud de perder nuestro trabajo, nuestro prestigio,
nuestra apariencia física, una amistad e incluso la soledad.
El cortisol es una hormona
cíclica que por las noches debe estar bajita para poder dormir y a lo largo de
la noche vuelve a subir hasta llegar su punto más alto alrededor de las 8 am;
esa liberación posee un patrón que sigue habitualmente el ritmo de la luz, se
libera más al dispersarse, lo cual ayuda a activarnos por la mañana y conforme
va transcurriendo el día va disminuyendo hasta volver a incrementarse un poco
por las noches.
Cuando el cortisol está elevado
de manera crónica pasa a ser un agente tóxico, nos vamos intoxicando tenemos un
efecto en tres niveles:
- Físico: caída del cabello, aparición de canas, temblor del ojo,
sudoración en manos y pies, sensación de tener un nudo en la garganta, opresión
en el pecho, taquicardia, sensación de ardor y hormigueo en la piel sin razón
aparente, problemas y cambios gastrointestinales, dolor muscular, etc.
A nivel gastrointestinal,
existe una modificación en el eje intestino-cerebro, donde sabemos que niveles
altos de cortisol modifican la macrobiota intestinal (grupo de microorganismos
que son benéficos para nuestra digestión), las vellosidad del intestino se
modifica provocando una mayor permeabilidad, es decir, permiten el paso de
sustancias nocivas para nuestro cuerpo y existe una mejor absorción de
nutrientes.
- Psicológico: cambio en el patrón de sueño porque hay una disminución
de producción de melatonina que es necesaria para conciliar el sueño, de ahí
viene la irritabilidad, surge la tristeza, frustración, pensamientos negativos
que somos incapaces de gestionarlos, disminución de la memoria ya que existe
una afectación en el hipocampo; hay una afectación en nuestra memoria
prefrontal, que es la que se encarga de que tomemos decisiones, prestar atención,
gestionar, organizar, jerarquizar, planificar.
- Conductuales: favorece el aislamiento, esquiva las actividades
habituales, dificultad para socializar, con dificultad para conectar con las
personas.
Existe una relación entre el
cortisol-inflamación-alimentación, cuando es crónico se asienta en nuestro
organismo y afecta nuestro sistema inmune. La inflamación es la forma en la que
nuestro cuerpo pelea contra todo tipo de bichos y cuando estamos constantemente
inundados con pensamientos negativos se propicia la inflamación.
La alimentación entra como
agente desinflamatoria a través de una alimentación rica en antioxidantes y un
gran abanico de absorción de vitaminas y minerales.
Existe evidencia científica que
demuestra que las dietas ricas en azúcares simples, grasas, sal contienen
agentes proinflamatorios, es por ello, que existe mayor tendencia a la ansiedad
y/o depresión.
Lol 💜

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